Publicado el Martes, enero 10th, 2012 a las 5:45 PM por Leo Cervantes
La primera y, en ocasiones, única cosa que se dice de Dark Souls es que es muy difícil—realmente difícil; causa migrañas y te dan ganas de aventar el disco por la ventana. Incluso, acepto que soy culpable de definir al juego por su dificultad, cuando en realidad existen un centenar de aspectos más relevantes.
Vamos a tomar como ejemplo la sección conocida como Sen’s Fortress. Muchos jugadores reconocen este escenario como la mejor muestra del diseño de este videojuego, pues aquí entiendes perfectamente la intención de sus desarrolladores.
A pesar de que esta fortaleza siempre está frente a nuestras narices, difícilmente la ubicarás hasta que hayas entrado. Y es que, a primera instancia, Dark Souls podría parecer un juego de mundo abierto, pero a diferencia de Skyrim, en donde el jugador puede caminar sin rumbo fijo y encuentra infinidad de cosas por hacer, en Dark Souls existen caminos predeterminados que, aunque no son evidentes, están ahí.
Cuando iniciamos la aventura sólo existen dos caminos hacia los que podemos ir, arriba o abajo. Es completamente decisión del jugador qué ruta tomar, pero nadie te dice realmente nada que pueda influir tu elección. Cerca hay un tipejo que la única información que te da es que necesitas tocar dos campanas, sin embargo, no te informa nada acerca de su locación o de los peligros que te esperan. Aun sabiendo esto, seguimos donde empezamos: con dos opciones. Pocos son los que se dan cuenta de que en realidad es una sola.
El diseño de niveles está hecho para que aprendamos de los errores, si seguimos el camino de abajo nos espera una dificultad que raya en lo imposible, casi ningún tipo de recompensa y muchos enemigos que nos pueden matar en cuestión de segundos, Dark Souls nos hace asumir el peso de nuestras decisiones, con las consecuencias que esto representa.
Después de aprender las mecánicas básicas, definir el entrenamiento que tendrá el personaje y vencer unos cuantos jefes, habremos tocado las dos campanas y entraremos al escenario más imponente de todo el juego: Sen’s Fortress, una fortaleza imponente, en donde al acercarse adivinarán que están frente a un gran reto.
La primera sección quizás es la más complicada, pues está llena de trampas en el piso, hombres lagarto, piedras rodantes, etc. Si eres un jugador impaciente (como yo), seguramente batallarás mucho con los delgados pasillos en donde cualquier error puede costar que caigamos en un abismo en donde no moriremos, pero quedaremos completamente indefensos en un lugar obscuro, lleno de fango que limita nuestros movimientos y en compañía de decenas de monstruos que te destrozaran apenas bajes la guardia.
Ahí es donde Dark Souls se separa del resto de los juegos de rol. Comparémoslo con algo más comercial como Fable 3, ahí también podemos ver una buena cantidad de paisajes tenebrosos y enemigos poderosos, pero el sencillo sistema de combate, el hecho de que tengas un indicador dorado que te indica el camino más eficiente y la posibilidad de repetir una y otra vez sin ningún tipo de consecuencia. En Dark Souls debes hacerte familiar con todos los peligros, en el proceso existe mucha repetición, pero con ello viene el perfeccionamiento y aun así nunca nos sentimos completamente seguros, lo cual es extremadamente divertido.
Cuando por fin llegas al techo, el sentimiento de incertidumbre es terrible, pues alcanzamos a ver a un gigante. Si somos lo suficientemente inteligentes habremos buscado una fogata, pues en este juego las fogatas representan seguridad, sólo hace falta ver la postura que asume nuestro personaje con una mano en el corazón y otra cerca del fuego: un gesto de respeto hacia la única fuente de luz que puede salvar su vida. Son ese tipo de cosas las que hacen brillar a este juego, en donde realmente nunca nos enteramos de cuál es la historia. En todo mi tiempo de juego nunca me enteré de quién es “Sen” o porque tiene una fortaleza, pero sí me preocupó lo que estaba viviendo en ese momento, y creo que eso es tal vez el más grande mérito; Dark Souls es un juego en donde disfrutas justo el momento que estás viviendo, sin preocuparte por el final.
El jefe de la fortaleza es completamente trivial si es que ya hemos superado todas las pruebas, pero al llegar al final de ésta volveremos a encontrar al gigante del techo y, para ese entonces, habremos entendido su propósito. Si lo analizamos fue él quien nos abrió la reja, él es quien avienta las rocas, mueve las palancas y, en general, da vida a todo el calabozo, como si se tratase del director de una intricada orquesta cuyo único fin es que mueras. Es por este tipo de cosas que Dark Souls es algo que debes jugar.




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Ashley Riot says
2012-01-11 12:37:00Y eso que pasar la fortaleza Sen representa solamente la primera mitad de todo el juego. La llegada a Anor Londo y sus respectivos jefes es algo indescriptible ya que solamente nos dejan ahi tirados y debemos hallar la manera de proseguir. Conseguir las 4 almas para abrir la sección final, las areas opcionales y los distintos “covenants” hacen el juego bastante largo y disfrutable. Mi area favorita es el bosque de los ladrones en donde puedes entrar como humano y en donde la interacción con jugadores on line puede durar por horas.